Cómo el chocolate nos da la felicidad (científicamente hablando)

¿Por qué regalamos cajas de bombones? ¿por qué al llegar a un hotel de lujo nos reciben con una pequeña chocolatina encima de la cama? ¿Por qué se encuentran infinitos libros y recetarios dedicados al chocolate? Asociado al placer, al deleite, al cariño y a la felicidad, ningún alimento tiene tantas connotaciones sensoriales como el chocolate.

El chocolate seduce la vista, el olfato, el gusto e incluso el oído… ¿quién no cierra los ojos para disfrutar del crujir de la cobertura de un helado o de un bombón crocante? Los colores y el brillo del chocolate entran por los ojos, después el olor cosquillea la nariz antes de probarlo y una vez en la boca intensifica su aroma; por último, llega el gusto que excita la lengua y percibe a la vez sus propiedades amargas, dulces y ácidas; y un poquito de felicidad se apodera de nosotros…

El chocolate es un alimento rico y nutricionalmente completo. Contiene las tres categorías de macronutrientes; glúcidos, lípidos y proteínas; además de vitaminas (A1, B1, B2) y varias sustancias minerales como potasio, fósforo, y magnesio en cantidades importantes; y hierro y sodio en cantidades pequeñas.

Pero el chocolate revela además la presencia de sustancias estimulantes o antidepresivas que sin duda nos dan la felicidad (científicamente hablando). Esa sensación de entusiasmo nos la proporcionan los compuestos esenciales del cacao: la teobromina, que estimula el sistema nervioso y facilita el esfuerzo muscular, y la cafeína que “aumenta la resistencia y combate a la fatiga”, palabras que el mismo Hernán Cortés atribuyó al chocolate.

El chocolate también contiene polifenoles y flavonoides, una rica fuente de antioxidantes que luchan contra los radicales libres que causan el desgaste de nuestras células; triptófanos que actúan como ansiolíticos ayudando al cerebro a generar serotonina; y feniletilamina con propiedades también psicoestimulantes.

Todas estas sustancias hacen del chocolate un antidepresivo natural que ayuda a combatir la ansiedad, reducir la presión arterial, favorecer la circulación sanguínea, estimular los riñones y el sistema cardiovascular e incrementar el colesterol bueno o HDL.     

Para beneficiarnos de su consumo debemos, eso sí, limitar la cantidad de manera responsable y escoger el chocolate más puro. El chocolate negro es el que concentra un mayor porcentaje de cacao, 55% o superior, con una menor cantidad de azúcares añadidos y más antioxidantes.

A medida que la proporción de leche aumenta en la mezcla también lo hacen las grasas y azúcares, y así, nos alejamos más de nuestro alimento perfecto.